Consejos preventivos
El tratamiento temprano y adecuado de las úlceras en los pies de las personas diabéticas es uno de los factores clave para evitar la amputación. Toda persona con diabetes, tenga o no lesiones, debe realizarse una vez al año un examen sensitivo, un examen vascular y un examen ortopédico para evaluar el riesgo de padecer estas lesiones.
El cuidado y la revisión diaria de los pies es fundamental para constatar la presencia de cortaduras, ampollas, llagas, hinchazón, enrojecimiento o uñas doloridas.
Algunos consejos son los siguientes:
- Todas las noches tomar un baño de pies, usando agua templada. Secarlos por completo, pero suavemente, especialmente entre los dedos, usando una toalla absorbente y blanda.
- Después del baño aplicar a los pies alguna crema en base a lanolina, de una a tres veces por semana, para mantener la piel suave. Sustituir la lanolina por alcohol si la epidermis se ablanda demasiado.
- Al cortar las uñas no dejar puntas irregulares, no cortar la cutícula, tomar precauciones para evitar que un mal corte lastime los pies. De ser posible concurrir a un podólogo.
- Evitar aplicar en los pies medicamentos irritantes, especialmente tintura de yodo y preparados comerciales usados para extirpar callos y juanetes.
- Las callosidades deben ser cortadas y tratadas por profesionales, que tengan en cuenta las correctas condiciones de asepsia.
- Aplicar una vez a la semana talco en pies y calzado.
- Elegir calzado cómodo, de material blando, de manera de no producir roces, y evitar de esta forma la aparición de heridas o ampollas.
- Ablandar el calzado nuevo en forma gradual (comenzar usándolo 1 hora por día).
- Evitar el contacto directo de los pies con el suelo.
- No aplicar directamente sobre los pies bolsas de agua caliente.
- Evitar el uso de medias gruesas, con costuras o apretadas. No colocarse medias si están húmedas.
- Si desea realizar caminatas extensas póngase algún tipo de crema neutra (lanolina) en los dedos.
- Consultar rápidamente a su médico cuando se observan: lunares del pie que cambien de tamaño o de color; dolor en alguna zona del miembro inferior que obliguen a detener la marcha, aparezcan durante el reposo o impidan el descanso; calambres y hormigueos de predominio nocturno; infecciones que persistan en alguna zona del pie (dedos, uñas, talones, etc.); edemas sin causa justificadas; cambios en el color de la piel.
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